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Nací en Luarca, un pequeño pueblo de pescadores del norte de España, y crecí rodeado de aromas marinos e imágenes vívidas que han quedado grabadas en mi memoria.
Siempre he sentido nostalgia por el paso del tiempo, y el arte se ha convertido en mi forma de aferrarme a ella.
A los 28 años, viviendo en Suiza, descubrí una clara fuerza interior: pintar y crear serían desde entonces mi pasión, mi camino y mi compromiso hasta el último día.



Pinto como se respira, por necesidad, por instinto. Mis colores transmiten mis alegrías, mis dudas, mis recuerdos. Cada lienzo es un fragmento de vida, un silencio, una confesión susurrada a la luz, un viaje personal y universal.
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Arte de calle en Ginebra


La casa donde nací
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